Estos días los he pasado contemplando las montañas...
y las aves.
A veces es bien necesario
o simplemente no sé qué otra cosa hacer:
Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
Mirad las aves del cielo,
que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros;
y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Como Jerusalén (¡Quito!) tiene montes alrededor de ella,
así Jehová está alrededor de su pueblo (alrededor mío)
desde ahora y para siempre.